Viaje a Canadá con Lufthansa

Lufthansa es una de las grandes aerolíneas mundiales y la más grande de Europa. Poco puedo añadir para describir a una empresa que tiene por bandera que sus clientes llegan a destino totalmente satisfechos.

Desde Frankfurt, que es su aeropuerto principal, y desde el de Munich, que utiliza como segundo punto de operaciones, vuela a casi todo el mundo y ofrece múltiples conexiones desde estos dos aeropuertos para mover a miles de pasajeros por todo el planeta.

Vuelo a Canadá con Lufthansa

Mi primer vuelo con Lufthansa, y del que ahora reporto, fue a Canadá. Antes de decidirme por Lufthansa investigué todas las opciones. Encontré buenas ofertas de KLM y Swiss, pero la holandesa partía desde Madrid y Swiss era un poco más cara que Lufthansa.

Así que finalmente me decanté por una gran oferta para viajar toda la familia en agosto, partiendo de Valencia, con escala en Munich y llegada a Montreal. En la vuelta, la escala fue en Frankfurt, con tiempo suficiente para hacer una escapada a la ciudad.

Escala en Munich con Lufthansa

Separación con la clase economy premium de Lufthansa

El vuelo de Valencia a Munich forma parte de una ruta regular de la aerolínea. Tienen también rutas desde otras ciudades españolas, como Barcelona, Madrid o Bilbao.

Unos días antes del vuelo, Lufthansa nos mandó un correo electrónico indicando que podíamos facturar nuestro equipaje de mano totalmente gratis. Viajando con niñas y cochecito, fue una gran noticia.

Lo que hace Lufthansa es lo mismo que otras aerolíneas europeas. Vende pasajes baratos a sus centros de operaciones para llenar los aviones que vuelan a la otra parte del Atlántico o de Asia. Y para ello necesita grandes aeropuertos que cuenten con todas las comodidades para los pasajeros.

El aeropuerto internacional de Múnich-Franz Josef Strauss cumple con todos esos requisitos, aunque no nos dio tiempo a comprobarlo.

El vuelo partió en hora y en poco más de 2 horas y 15 minutos aterrizó en Munich. Durante ese tiempo, el servicio de cabina repartió un tentempié, bebida y nos dio pinturas para las niñas.

Llegamos a las 15:30, por lo que tuvimos que apresurarnos para no sufrir ningún susto. En una hora partía el vuelo a Montreal. El aeropuerto de Munich está totalmente renovado. Es silencioso, blanco, impoluto. Hay grandes pantallas, sillones, zonas para descansar y mucho cristal, parece un gran palacio.

La facturación online

Apenas tuvimos que esperar un par de minutos para comenzar el embarque. Viajar con pequeños nos permitió embarcar primero y llevarnos una grata sorpresa. Hice el check-in fijándome con detalle en la estructura del avión Airbus modelo A350-900, tratando de acertar con la fila más idónea para nosotros.

Uno de los puntos a favor de Lufthansa es que, aunque no pude hacer el check-in hasta 24 horas antes del vuelo, pude seleccionar cualquiera de los asientos libres sin pagar de más, cosa que ya es muy díficil de ver con cualquier aerolínea.

Si no lo has hecho nunca, en sitios como SeatGuru puedes ver planos de los aviones, con recomendaciones de otros pasajeros. Si bien, estos planos son generales y, a veces, algunos aviones tiene ciertas modificaciones, por lo que no es tan fácil acertar con el asiento.

El caso es que yo acerté, elegí la fila 20 y nos tocó justo detrás de la clase economy premium. Por el cambio de estructura de las filas, teníamos mucho más espacio que los demás. Pudimos estirar por completo las piernas y las niñas tuvieron espacio para moverse. Fue un vuelo genial de algo más de 8 horas de duración. Todo fue de día, pero pudimos descansar y relajarnos.

Escala en Frankfurt con Lufthansa

Avión de Lufthansa en el aeropuerto de Frankfurt
Avión de Lufthansa en el aeropuerto de Frankfurt

Para el vuelo de vuelta intenté conseguir los mismos asientos, pero no era el mismo modelo. Estuvimos tres filas detrás de ese lugar con tanto espacio, pero no fue mal.

En esta ocasión no nos enviaron el correo electrónico para facturar gratis el equipaje de mano, pero lo preguntamos y nos las aceptaron igual. Volar así es una maravilla.

Hay gente que odia la comida de los aviones. A mi me encanta. Y la de Lufthansa está bastante buena. Como siempre, pasta o pollo.

El vuelo de vuelta salió de Montreal a última hora de la tarde. Mientras esperábamos la hora de embarque, pudimos comprobar que el aeropuerto no es tan viejo como nos pareció al llegar. Simplemente utilizan demasiadas moquetas y, además, veníamos de ver el de Munich, que es impresionante.

Como llegamos pronto al aeropuerto, tuvimos tiempo de recorrer la terminal y que las niñas jugasen en la parte infantil, donde tenían toboganes, pinturas y películas.

El vuelo transcurrió tranquilo y aterrizó antes de las 8 de la mañana en Frankfurt. La conexión con Valencia la teníamos ocho horas después, así que nos marchamos a ver la ciudad y volvimos al aeropuerto con tiempo suficiente para quedar asombrados con la grandiosidad de este aeropuerto.

El aeropuerto de Frankfurt

Parque infantil en el aeropuerto de Frankfurt

Tiene salas de cine, salas de descanso, sofás, todo tipo de cafeterías, zonas para gamers, parques infantiles y mucho espacio. Además, todo es exterior así que puedes entretenerte viendo aviones pasar.

Lo cierto es que la espera hasta el embarque se nos hizo muy pesada. No dormimos en el avión y tras el paseo por Frankfurt estábamos francamente cansados. Con menos cansancio, me habría encantado disfrutar del aeropuerto.

En el vuelo final a Valencia no nos dieron nada para comer. Nos sorprendió, pero creo que nos habían malacostumbrado.

Por tanto, la conclusión es que con Lufthansa los vuelos se disfrutan y que puedes relajarte por completo. No tuvimos ningún problema, ningún retraso y ninguna queja. Aun viajando en clase turista económica, nos trataron como si tuviésemos billete de primera clase y eso es de agradecer.

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