Viaje a Budapest, Bratislava y Viena en 11 días

Budapest y Viena son dos ciudades imprescindibles para cualquier viajero empedernido. Son grandes, tienen mucha historia, arquitectura, diseño y cultura. Son lugares de grandes dimensiones, así que para poder conocerlas con suficiencia necesitarás entre 3 y 4 días.

Por su proximidad a ambas ciudades, se suele incluir Bratislava en la ruta. La capital de Eslovaquia tiene un tamaño reducido en comparación con las otras dos, pero está ubicada entre ambas y en tren el trayecto es corto.

Lo bueno de este viaje es que, excepto la llegada y la vuelta a casa, todo se puede hacer en tren. Hay gente que lo amplía asta Praga y así completa la ruta imperial. Tú decides. Para ver Praga, más o menos bien, necesitas 4 días.

Ruta por Viena, Budapest y Bratislava

Cómo llegar

El viaje por las tres capitales puede comenzar en cualquiera de ellas y finalizar en otra, aunque lo recomendable es hacerlo por Viena o Budapest. La razón es que Bratislava está en el centro y tendrías que desandar el camino si comienzas por ella.

Si decides ir en avión, hay vuelos económicos desde varias ciudades españolas tanto a Budapest como a Viena. Si no las hay, Ryanair tiene vuelos desde Milán, ciudad con la que conectan decenas de rutas desde ciudades españolas, a Budapest.

En nuestro caso, decidimos comenzar por Budapest y volver desde Viena. Lo ideal es que compares precios llegando y saliendo de otra ciudad. También puedes optar por salir desde la misma a la que llegas, pero, en mi opinión, es perder el tiempo.

Puedes ir en tren, pero necesitarás realizar varias conexiones en Francia, Italia o Suiza y finalmente en Austria. Algo parecido tendrás que hacer si vas en automóvil, recorriendo el sureste de Francia, y entrando en Austria tras superar los Dolomitas en Italia.

Budapest

Parlamento de Budapest desde la otra parte del Danubio

Aunque Budapest es la capital de Hungría, su gente, su infraestructura e incluso la política son muy diferentes al resto del país. Es una ciudad muy grande, con mucha población y el resto del país es en general agrario.

Hace años que domina la ultraderecha en una democracia, digamos poco democrática, pero Budapest es la excepción. Seguramente por su alto nivel de residentes extranjeros o mayor nivel formativo.

El camino del aeropuerto a la ciudad no es demasiado agradable ni bonito. Es asfalto está destrozado y hay pocos carrilles para mucho tráfico. Sin embargo, Budapest es una ciudad increíble, de una belleza difícilmente igualable, combinada con cierta decadencia y mucha fiesta.

Verás muchos edificios cuyas fachadas necesitan reformas urgentes, el tráfico en las horas puntas es imposible y necesita cierta mejora urbana, pero el transporte es muy bueno, la gente amable y sus diferentes barrios y comida son realmente atractivos.

La verdad es que Budapest es, mi opinión, una de las ciudades más bonitas de Europa. El Parlamento o el Bastión de los Pescadores son de una belleza increíble. Y el cruce del Danubio no hace más que aportar más glamour.

Además, si te cansas de caminar, puedes pasar un buen rato en alguno de los numerosos balnearios que dispone esta ciudad.

Bratislava

Entrada principal del castillo de Bratislava
Entrada principal del castillo de Bratislava

La capital de Eslovaquia es pequeña, pero tiene su encanto. En medio día puedes ver lo más destacado de la ciudad y sin prisas. La estación está un poco alejada del centro, pero se puede llegar en unos 30 minutos de paseo.

Si no te apetece caminar, hay autobús y tranvía hacia el centro. No vale la pena alojarse fuera del centro de la ciudad, a no ser que encuentres un precio de risa.

Como decía en las primeras líneas, Bratislava es muy pequeña. Estoy seguro de que el país tiene otros atractivos más interesantes. Nosotros pasamos una noche aquí, pero bien podrías hacer una escapada de ida y vuelta desde Budapest o Viena. Incluso, si no llevas mucho equipaje, utilizarla como escala sin quedarte a dormir.

Lo más destacado de Bratislava es el Bratislavský Hrad, una fortaleza más impresionante desde abajo que desde arriba. Está ubicado al lado del centro de la ciudad, sobre una colina que posee diversos caminos para pasear, correr y entretenimiento para niños.

Desde la fortaleza se ve toda la ciudad y más allá del río Danubio, donde la vista únicamente alcanza a ver verde y más verde.

Al volver al centro, debes buscar los símbolos de la corona en el suelo y visitar la Puerta de San Miguel, los diferentes palacetes entre las calles peatonales y el monumento al hombre trabajador.

Salzburgo

Vista de Sazlburgo desde la fortaleza
Vista de Sazlburgo desde la fortaleza

Salzburgo es el bono de este viaje. Es una ciudad preciosa, metida entre las montañas, con vistas a los Alpes orientales y dividida por el río Salzach.

En nuestro viaje, fuimos de Bratislava a Viena y tomamos un tren que salió tan solo 20 minutos después a Salzburgo. Siempre piensas que con una conexión tan corta podrías perder el tren, pero solo tuvimos que subir un piso en ascensor para tomar el siguiente.

El transporte en Austria es de un nivel superior. Las estaciones son todas nuevas, con mucha luz y muy bien comunicadas. Los trenes son rápidos, seguros, puntuales, muy cómodos y cuentan con vagón para bicicletas y para niños, con pantalla y zona para pintar.

El viaje dura casi 3 horas. Al principio, el paisaje no cambia, se ve mucho paisaje verde, agricultura y alguna casa de campo. Pero según se acerca a Salzburgo, aparecen las montañas y hay un cambio brutal.

Salzburgo es una ciudad bastante cara, pero vale la pena. Es posible que no consigas alojarte en el centro, pero está bien comunicada por autobús o en bicicleta. Lo mejor de alojarte un poco más lejos es que podrás ver las montañas y si coincides con una tormenta, la imagen es espectacular.

Esta ciudad me encantó. El invierno debe ser duro, pero visitar Salzburgo en verano fue fantástico y todas las esquinas tienen algo de cultura. Es imprescindible visitar la calle comercial Getreidegasse, el palacio de Mirabell y la fortaleza de Hohensalzburg

Viena

Vista del Museo de historia de Viena

La capital de Austria es la más aristocrática de las cuatro ciudades. Notarás un gran diferencia entre Budapest, Bratislava y Austria. Este país ha sabido invertir mejor su dinero y eso se nota en todo.

Viena no necesita ninguna presentación. El centro de la ciudad pertenece a un cuento de princesas. La ópera, el Palacio imperial de Hofburg o cualquiera de sus plazas rebosan elegancia.

Sin embargo, esa belleza general es muy similar en todos los casos. Nos encontramos ante edificios de la época imperial y nada destaca sobre el resto. Así como en Budapest o en Salzburgo hay dos o tres edificios más importantes, en Viena corres el peligro de aburrir la vista si no aprovechas todo lo que ofrece la ciudad.

El centro, como decía, es uniforme. Está el Museo de historia, la Escuela española de equitación, la Biblioteca nacional y el Palacio imperial de Hofburg, entre muchos otros. Y todos los edificios se parecen. Coinciden el estilo de arquitectura y el color blanco.

Más allá del centro de Viena

Palacio Belvedere de Viena

¿Cómo evitar ese posible aburrimiento? Aprovechando al máximo la ciudad y saliendo del centro. Muy cerca están los palacios Schönbrunn y Belvedere, dos de las mejores muestras de la belleza de Viena.

En uno de sus barrios residenciales está la Hundertwasserhaus, un edificio singular en 1985 que no cumple con los cánones típicos de la arquitectura.

Y a las afueras de Viene está el Prater, el viejo parque de atracciones de Viena donde relajarte y disfrutar de una tarde divertida aunque viajes sin niños.

Viena es muy grande y resulta complicado visitarlo todo, pero puedes tomarlo con calma y tratar de conocer lo máximo posible sin estrés y disfrutando. El ayuntamiento, la ópera y el parlamento, están muy cerca del centro y también son bonitos.

Como ves, este viaje deja todo tipo de sensaciones. Calcula bien los días en cada ciudad, pero sobre todo trata de disfrutar. Budapest y Viena son muy grandes, así que será difícil que lo veas todo.

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