Hvar, la isla croata donde enamorarse del mar

Croacia tiene decenas de islas. Frente a su costa, mientras atravesamos las serpenteadas carreteras al borde del mar o disfrutamos de sus transparentes aguas, podemos contemplar imponentes bosques, cuyo único límite es el mar, mientras reciben la visita de algún yate o velero.

Podemos verlo porque la distancia entre la costa croata y sus islas es mínima. Siete kilómetros o media hora en ferri es lo que separa Drvenik de Sucuraj, una pequeña población situada justo en la punta sur de la isla de Hvar.

Esta es la isla la más larga de todo el Adriático. Lo podrás comprobar si decides llegar a la isla por Sucuraj y te desplazas hasta Hvar. Sus once mil habitantes te recibirán impasivos. No cambiarán su vida ni se asombrarán por tu llegada. Están ya muy acostumbrados a los turistas. Las carreteras no son las mejores y el paisaje puede llegar a defraudar, puesto que transcurre entre un espeso bosque de encinas y alguna aldea aislada.

Sin embargo, cuando se alcanza altura o el bosque da un descanso, las vistas nos dan un aviso de lo que aguarda. La costa croata nos observa al noreste y la isla de Korcula saluda desde el sur.

Torre de la iglesia de Hvar
Torre de la iglesia de Hvar

Escoge bien tu entrada a Hvar

En función de tu origen, llegarás a un puerto u otro de la isla de Hvar. Desde Split, se llega a Stari Grad; desde Italia se llega a Stari Grad o a la propia Hvar y desde más al sur de Croacia a Sucuraj.

Hvar cautiva desde el primer momento. Desde cualquiera de las entradas que llevan al centro del pueblo nos recibe, siempre, un paseo marítimo lleno de vida, yates y pequeñas barcas de alquiler, la Fortaleza española en lo alto y las islas Pakleni al fondo.

Este maravilloso enclave está lleno de turistas en los meses de verano, pero no molestan. Hay gente de toda europa, pero hay tranquilidad. Es el mar y son las vistas quienes producen esa sensación.

Cualquier paso que demos en Hvar, lo haremos sobre empedrado. Nos encontraremos con calles estrechas y escaleras eternas, al estilo de Dubrovnik, franqueadas por fachadas rehabilitadas que nos recordarán a Venecia. Y es que esta isla perteneció a bizantinos, húngaros y venecianos.

Es recomendable subir a la Fortaleza española durante el atardecer y disfrutar de la vista de la isla de Hvar y de sus hermanas pequeñas, las Pakleni. Entrar en la fortaleza tiene un coste de 4 euros y, aunque la vista no es tan impresionante, a los costados también se pueden sacar buenas fotos.

Por cierto, la fortaleza lleva nuestro apellido no porque la isla nos perteneciese en algún momento, sino porque en su construcción participaron algunos españoles.

Hvar desde arriba
Vistas de Hvar desde la Fortaleza española

Ahí llegan las Pakleni

Paseando por el casco viejo de Hvar nos toparemos con pequeños puestos donde comprar algún souvenir y restaurantes con excelente comida a buen precio.

Estoy dejando lo mejor para el final, pero ya llega. Como toda isla, Hvar tiene una infinidad de playas, tanto a un lado como a otro. Para llegar será necesario un transporte y algunas son sólo accesibles desde el mar. Por suerte, en el paseo marítimo se pueden alquilar botes por unos 50 euros al día con los que llegar a cualquier lado.

Una de las mejores, a unos 30 minutos a pie de Hvar, es la playa Pokonji Dol. Tiene un pequeño parking para coches y un chiringuito-restaurante que ocupa con sus hamacas prácticamente toda la playa. ¿Qué tiene de especial? Está localizada al sur de Hvar, en un pequeño golfo que enfrenta con una diminuta isla con un centro meteorológico. Por supuesto el agua es increíblemente transparente, hay música y tranquilidad.

Escaleras para salir del agua en Pokonji Dol
La playa tiene cinco escaleras para facilitar el acceso desde las rocas
Playa Pokonji Dol
Playa Pokonji Dol en Hvar. Al fondo, barcos y el islote

Pero más allá de las playas de la isla, lo que nadie puede perderse son las islas Pakleni. Son un pequeño archipiélago frente a Hvar, al que podemos llegar alquilando un bote o con los bote taxi, que nos llevarán y devolverán durante cualquier momento del día por unos 5 euros por persona.

Las mejores playas de Europa

La más famosa de las Pakleni es la isla Sv. Jerolim. Es la que está enfrente y todavía no tengo palabras suficientes para describirla. Por supuesto, si tienes la libertad de ir con un bote o un barco, puedes elegir cualquier rincón de la isla para disfrutar del agua. Si vas en taxi puedes recorrer la isla caminando para elegir tu rincón favorito. Pero no te agobies. Es imposible equivocarse. La isla Sv. Jerolim tiene una playa para nudistas, aunque no harán ascos a que compartas con ellos la playa y, cuando quieras comer, dispones de una zona arbolada para protegerte del sol.

Playa de la isla Jerolim
Cala en la isla Jerolim, con vistas a Hvar

Yo disfruté mucho de esta isla. Probamos el agua, comimos e hicimos una buena siesta bajo los pinos. Otras playas espectaculares son la de Mlini y la Cala Zdrilica en la isla Marinkovac y también Palmizana, en la isla de San Clemente. Esta última cuenta con puerto deportivo, restaurantes y alojamiento. En Stipanska, en Marinkovac, también hay restaurantes al borde del agua, donde se puede ver un espectacular atardecer al estilo ibicenco.

Isla Marinkovac en Hvar
Puerto de llegada a la isla Marinkovac

Como he dicho antes, lo importante en Hvar es tener tiempo, ir con tranquilidad y disfrutar perdiéndose por las calas y playas que tienen. Por cierto, la pronunciación correcta de Hvar es con jota. Algo así como “javar”.

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