El tranvía eléctrico de Lisboa

Es difícil hablar de una ciudad tan amada como Lisboa. La echo tanto de menos que me duele. Y  te preguntarás ¿qué puede hacer que extrañar una ciudad duela? Pues, nada en concreto, pero todo, en realidad.

No podría decir algo que extrañe por encima de lo demás. Añoro su cielo, la luz cegadora a cualquier hora del día, a los operarios que colocan uno a uno los adoquines sueltos de las aceras, las fachadas por rehabilitar, la plaza Luís de Camões, el eléctrico…

El eléctrico es el tranvía de Lisboa. Están los modernos y los históricos, que realmente no lo son tanto porque datan de 1995, pero imitan a los antiguos y dan el pego. También son de esta fecha los articulados, aunque no lo parezca.

Estos pequeños tranvías todavía se mueven entre las empinadas y estrechas calles que suben hacia el castillo de San Jorge y el barrio de Graça. Es una pieza inconfudible de la ciudad, que podría parecer un estorbo para la circulación diaria, pero es símbolo de Lisboa y, para muchos, la única forma de transporte.

 

Tranvía con la Basílica da Estrela detrás

 

El más conocido es el número 28, que recorre prácticamente todo el centro histórico de la ciudad. También es posible llegar hasta Belém en los tranvías eléctricos históricos. Yo sólo lo conseguí dos veces, pero se puede, con el número 15 que sale desde Praça da Figueira.

Los eléctricos son pequeños, elegantes y de color amarillo y blanco. También hay unos rojos, pero son para el circuito turista, más caros y menos reales. Si te gustan mucho los tranvías puedes ver más en el museo Carris, al que además se puede llegar en tranvía.

Dentro caben unas 50 personas. Hay asientos para 20, son de madera y piel, muy bien cuidados. Al tranvía hay que entrar siempre por delante, validar el ticket previamente comprado o pagar al conductor.

Cómo viajar en el tranvía de Lisboa

Los tickets se compran en las estaciones de metro o en algún comercio de Correios o en los kioscos de color amarillo de la empresa Carris, que es la que gestiona este transporte. Si sólo quieres un billete sencillo ni lo pienses, paga directamente al conductor.

Si se viaja de pie hay que agarrase bien a los barrotes porque los trayectos son movidos y las paradas y arrancadas muy bruscas. Más de una vez te dará la impresión de que el tranvía no cabe o de que va a chocar contra el que viene de frente, pero sólo es tu vista que te engaña.

Tranvía eléctrico a su paso delante de la Sé

Lo bonito de estos tranvías es que encajan perfectamente con la Lisboa decadente, esa ciudad que quiere recordar el esplendor que un día tuvo su reino, pero al mismo tiempo se siente triste por todo lo perdido.

La capital de Portugal es preciosa y recorrerla en uno de estos tranvías sólo hará que tu amor por ella crezca. Los viajes en el tranvía de Lisboa hay que tomarlos con calma. Hay coches que se cruzan en las vías, peatones despistados, motos mal aparcadas… Pero llegan a rincones de la ciudad donde los automóviles no tienen permitido el paso, como por ejemplo los miradores.

Para alguien nuevo en la ciudad, recomiendo viajar en ellos. Se puede empezar el día visitando la parte baja, desde la Avenida Liberdade hasta la Praça do Comercio. Aquí mismo se puede tomar el tranvía en dirección a Belén, subir a Graça o hacia el Bairro Alto.  Puedes hacer transbordo, así que te puedes permitir bajar, hacer unas fotos y volver a subir.

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