Las siete colinas y miradores de Lisboa

Aunque es la capital de Portugal, Lisboa apenas supera el medio millón de habitantes y esto la hace tremendamente accesible y cómoda para visitar. Es una ciudad moderna que no necesita demostrarlo, es vanguardista viviendo del pasado y decadente a la par que encantadora.

Sus pequeños edificios sin reformar, decorados con azulejos, sus recuerdos a la potencia que fueron, las calles empedradas, el tranvía hacia los barrios altos y su eterna mirada al mar. Lisboa es una ciudad de obligada visita, con innumerables escondites por descubrir.

La ciudad del fado se asienta sobre siete colinas desde las que vigila la llegada de visitantes a través del río Tajo. Son estas siete colinas las que dan forma a la ciudad de los tejados rojos y nos permiten obtener diferentes perspectivas de la ciudad en función de la colina que visitemos a través de los miradores de Lisboa.

Los mejores miradores de Lisboa

Miradores hay decenas en toda la ciudad. Construir sobre laderas permite, si nadie decide construir más alto, disponer de impagables vistas de la ciudad, el río y los atardeceres. Hay restaurantes con vistas, terrazas, balcones privados e incluso jardines públicos. Sin embargo, una ruta por los miradores “originales” nos llevará a conocer la ciudad y disfrutar de lo que conlleva.

Comenzamos con la colina de São Jorge, quizá la más conocida por ser donde nació Lisboa y la que alberga el Castelo y restos romanos. Para llegar hasta el castillo tendremos que visitar los barrios de Mouraira, cuna del fado, y de Alfama, imprescindible para descubrir la historia de la ciudad. Se puede ir a pie o en el romántico e imparable tranvía 28. La entrada al castillo es previo pago. Dentro hay unos cañones, murallas y unas vistas espectaculares.

De Santa Luzia a Graça

Flores, jardín, tranquilidad y vistas en Santa Luzia
Flores, jardín, tranquilidad y vistas en Santa Luzia

Si no tienes pensado pagar, lo mejor que puedes hacer es bajar y caminar unos minutos hasta alcanzar el mirador de Santa Luzia, en la colina de São Vicente. Es, posiblemente, el más hermoso de los miradores de Lisboa aunque no el que mejor vistas tiene.

Junto a la pequeña iglesia y una pequeña fuente, hojas de parra nos protegerán del sol, sentados sobre bancos hechos de azulejos. Desde aquí no vemos el centro de Lisboa, pero si el barrio de Alfama, el Panteón Nacional, el Monasterio de San Vicente y el río Tajo.

Es un lugar único desde donde disfrutar de música espontánea, vendedores ambulantes de arte, el paso de los tranvías y una cerveza Sagres junto a una bifana del bar de enfrente.

Subiendo más arriba, lo mejor es hacerlo con el tranvía, llegaremos al que considero el mejor mirador de Lisboa. Sobre la colina de Santo André, en el barrio de Graça, encontramos un mirador con el mismo nombre y escoltado por la iglesia de Graça. Bajo los pinos podemos disfrutar y tomar algo en la parte más alta de la ciudad.

Vistas desde el mirador de Graça
Esto lo que se ve desde Graça

Detrás de la iglesia de Graça se encuentra el mirador de Nossa Senhora do Monte. El encanto no es el mismo pero tiene pinos, césped, una pequeña iglesia, lugar donde sentarse y muros con azulejos.

Cruzando la ciudad

Tras cuatro colinas, debemos ir hasta el otro lado de la ciudad. Bajamos, cruzamos el centro de Lisboa y nos vamos directos al elevador de Santa Justa, en la colina de Chagas, desde donde ver toda la ciudad en 360 grados. Pero espera, no subas por el elevador, ve detrás de él, sube por la Rua do Carmo, gira a la derecha por Rua Garrett y de nuevo a la derecha por Calçada Sacramento.

Te encuentras donde tuvo lugar la Revolución de los Claveles, en el barrio conocido como Largo do Carmo. Por aquí puedes acceder al mirador sin necesidad de pagar. Pasarás por una pasarela dejando a tu derecha el ahora en ruinas Convento do Carmo. Desde San Justa puede verse el centro, el río y la parte más antigua de Lisboa (imagen de portada).

Santa Catarina mira al Tajo
Gente en el mirador de Santa Catarina

La siguiente colina a la que llegamos es el de Santa Catarina. Se llega a él pasando la plaza de Luis de Camoes en dirección al Parlamento. Este mirador apunta directamente al río. Es un buen sitio donde ver atardecer y relajarse con la melodía de algún músico callejero. Tiene un bar y por las tardes suele concentrarse bastante gente joven. Está perfectamente ubicado para que cuando caiga la noche podamos acercarnos al Barrio Alto a cenar o tomar algo.

La séptima colina es la de Santa Ana. Es la situada más al centro. Su mirador es el de mayor difícil acceso de todos. Se encuentra dentro de un elegante jardín rodeado de palacios del siglo XVII, donde se alojaron Catarina de Bragança, viuda de Carlos II de Inglaterra, y los reyes de Portugal. Las vistas desde aquí son preciosas. Ayuda la tranquilidad de la zona, aunque es posible que deje de verse algo si los árboles siguen creciendo.

Árboles en el mirador de Santa Ana de Lisboa
Vistas desde el mirador de Santa Ana

Recorridas las siete colinas y los miradores de Lisboa, el destino más recomendado de Europa ya está bajo tus pies. Puedes prolongar la visita a los miradores de Lisboa llegando hasta el de San Pedro de Alcántara. Es uno de los más conocidos de la ciudad por sus jardines y vistas. Se puede llegar desde la Plaza de los Restauradores con el elevador o desde Barrio Alto caminando. Es otro buen sitio para comenzar o acabar la noche.

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