Viajar con hijos como herencia

Viajar con hijos. ¿Se te hace duro incluso leerlo? Para mí no hay otra opción posible. De momento solo tengo una, pero cuántos vengan viajarán con nosotros siempre que sea posible.

Mi hija tiene 21 meses. Y en esos 21 meses ha viajado y recorrido más que yo en 20 tantos años: Bélgica, Ámsterdam, Ibiza, Barcelona, Londres y Croacia. Además de pueblos y lugares de la Comunidad Valenciana. Y si contamos el período de gestación, también estuvo en Nueva York, Vitoria, Bilbao, Santander y Asturias.

Por comparar conmigo, con su padre, mis primeros viajes internacionales fueron a Andorra, con 16 años y a Italia, con 18 años. Y con 19 años viajé a Argentina. Mi primera vez en Barcelona fue con 16 años y la primera en Madrid fue con 23 años. Lo sé, no tengo perdón.

Yo siento que he desaprovechado muchos años en los que podría haber viajado y no lo hice. Porque era pequeño, porque no tenía dinero, porque no me apetecía, por miedo o porque no tenía con quien ir.

No quiero que ella sienta lo mismo. Es verdad que luego puede decidir que no le interesa viajar o podéis pensar que de algún manera la estoy moldeando. Pero nada más lejos de la realidad. Al final cada padre trata de transmitir lo mejor a sus hijos y, en mi opinión, lo mejor que puedo hacer por mi hija es compartir la pasión por viajar. Viajar con hijos supone enseñarle como es el mundo y darle a conocer lo que realmente importa.

Me gusta pensar que mi hija nos agradecerá haberla llevado a todos estos sitios cuando tenga edad para valorarlo. Quiero pensar que cuando sea mayor hará lo mismo que yo haría. Es decir, que sacará el mapa y viajará a todos esos sitios que ya ha visitado pero de los que posiblemente no recordará nada. La imagino visitando los mismos lugares e inmortalizando el momento para compararlo con fotografías en las que ni siquiera tiene pelo.

Cuando ella nació, una de las cosas que más me preocupaba era no poder viajar tan a menudo. Evidentemente no podemos hacer viajes de aventura, pero desde entonces no hemos parado. Y, la verdad, me enorgullece decirlo.

Jugando con un espejo de maquillaje
La pequeña, jugando en Covent Garden, en Londres

Viajar con hijos para que aprendan

Cada vez que viajo con ella siento que estoy haciéndola crecer. La imagino en esos lugares dentro de unos años. Pero no es sólo crecimiento físico, sino intelectual o emocional, como queramos llamarlo. Es por ello que creo que viajar con hijos, aunque no lo recuerden, les hace más curiosos y les prepara para todo lo que vendrá.

Ahora que ya camina y se expresa, los viajes largos son más pesados para ella. Se cansa de ir en coche, quiere andar y descubrir. Por ello nos hemos planteado que, si queremos seguir viajando, tendremos que elegir muy bien dónde vamos o seleccionar a qué viajes puede ir ella.

Al fin y al cabo, puedo querer transmitir mi forma de ver el mundo a mi hija a través de los viajes, pero aunque la eche de menos no quiero obligarla a no disfrutar y que, por tanto, viajar con hijos se convierta en un algo pesado para los tres. Quizá sea el momento de aprovechar a los abuelos y que disfrute de ellos.

Si todo va bien, seguiremos viajando todo lo que podamos. Y llegará un momento en el que ya será consciente de lo mágico que es viajar, a dónde sea. Cuando este momento llegue, espero que comparta con nosotros la ilusión por conocer.

Pero entonces habrá un primer viaje sin nosotros. Y es cuando, espero, se sienta orgullosa de todo lo que ya ha visto. Viajará sola, con amigos, con pareja o con quien sea, pero ya no estaremos. Aquí debería empezar con su herencia viajera. Si comparte nuestra ilusión, si comparte ese afán por conocer, seguirá el camino, como si de un viejo y desgastado mapa se tratase, que sus padres un día iniciaron.

 

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