Una noche entre hienas en el Serengenti

En el año 2013 visité África por primera vez en mi vida, a bordo de un enorme camión adaptado, para hacer un safari que nos llevó durante quince días tras los pasos de la gran migración recorriendo Kenia, Tanzania y Zanzíbar.

El Safari fue El Sueño de África de la empresa Ratpanat. El itinerario incluyó, casi al final del mismo, dos noches en el Parque nacional del Serengeti, en Tanzania. En medio de la nada y rodeado de campo, llegamos a unas fantásticas tiendas de campaña de lujo a las que no faltaba ningún detalle: baño, ducha, cama extragrande, luz e incluso una pequeña terraza para disfrutar de las vistas.

Campamento de Ratpanat en el Serengeti

El Serengeti es el área más grande de migraciones del mundo y conocido sobre todo por la de los ñúes. Al llegar la estación seca miles de animales tratan de cruzar el río Mara, lo que acaba convirtiéndose en una auténtica carnicería. En este Parque nacional es posible ver jirafas, elefantes, leopardos, leones, rinocerontes, búfalos, gacelas, zebras, antílopes y otras decenas de especies.

Llegamos al Serengeti viendo arder los campos. Según nos contaron es habitual para evitar posteriores incendios que se puedan descontrolar. De esta forma además renuevan el pasto.

Campamento de lujo en el Serengeti

Tienda de campaña de Ratpanat en el Serengeti

Las tiendas estaban distanciadas por unos veinte metros cada una. En el centro de todas estaba la instalación principal, donde estaba la cocina y el comedor, aunque en realidad eran más tiendas de campaña. Hay que destacar que este campamento no está protegido por ningún cercado, cualquier animal puede llegar hasta aquí, así que los responsables recomiendan no moverse a solas.

La experiencia de vivir en este lugar no es fácilmente descriptible. Por la noche no se escucha nada y tampoco hay luces, excepto unas farolillos que marcan el camino hacia el centro del campamento.

Así que imagina nuestra sorpresa cuando de pronto comenzamos a escuchar pisadas al lado de la tienda. Eran hienas. Ya estábamos avisados, pero el miedo no te lo quita nadie. Ellas saben que estás ahí, pero no pueden acceder a la tienda.

A la mañana siguiente comprobamos los alrededores de la tienda y vimos pisadas. Otros compañeros del safari también las oyeron merodear.

Ese día nos marchamos a recorrer el Parque Nacional. Volvimos tarde, casi anocheciendo, después de haber visto unos cuantos leones. La sensación era indescriptible, aunque el cansancio a esas horas ya era patente.

Las hienas del Seregenti

Tras una rápida ducha, la cena estaba servida bajo una espectacular tienda, decorada e iluminada por pequeños farolillos. No hubo un solo día que el nivel de la comida fuese bajo, todo lo contrario.

Tras la cena, quien quería se quedaba charlando y compartiendo opiniones sobre lo visto ese día. Durante este rato, de pronto escuchamos gritos provenientes de la cocina y a uno de los cocineros corriendo con un cuchillo en la mano. No lo vimos al principio, pero de pronto apareció una hiena arrastrando una cesta llena de platos sucios. Fue increíble. En realidad a la hiena apenas la vimos, pero sí sus ojos.

Mesa preparada para cenar en el Serengeti
La cena está servida

Creo que todos vivimos al mismo tiempo una sensación de pánico y comedia. Los empleados consiguieron recuperar los platos y asustar a las hienas, mientras parte del grupo fuimos a por una compañera que se había marchado a la tienda. No pasó nada, las hienas huyeron, aunque cuando el campamento quedó vacío volvieron a merodear por las tiendas mientras tratábamos de conciliar el sueño.

Toda una experiencia que contar tras la vuelta a casa.

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