Por qué no me gustó Londres

Londres es una de esas ciudades que todo el mundo ha visitado o quiere visitar. Además, es una las capitales más importantes del mundo y posee el centro económico que mueve el mundo. Desde la ‘city’ se dirige la economía de Europa y propablemente del resto del mundo.

En alguno de los gigantes edificios de esa micro ciudad comenzó la crisis económica de 2008 que hasta ahora seguimos sufriendo.

Pero más allá del poder económico, Londres destaca por ser una ciudad cosmopolita, con ciudadanos de todas partes del mundo. Su idiosincracia conquista o desespera desde el primer minuto, acompañada de una historia exaltada que a los ingleses encanta recordar.

Seguramente queda muy poco por decir de Londres, existen miles de guías sobre la ciudad, visitas, rincones, curiosidades… Poco puedo añadir más que mi impresión tras una visita de cinco días. Y lo cierto es que puede que no guste.

Nothing Hill
El barrio de Nothing Hill

Londres me defraudó. Esperaba muchísimo más de una ciudad de la que tanto había escuchado hablar. Londres ya la había sobrevolado para hacer una escala en Heathrow y lo que vi me impresionó. La vista aérea es increíble, pero a pie todo cambia.

Londres no es Nueva York

Sí, me encantaron los barrios residenciales de South Kensington y Chelsea. Quién no querría vivir allí. Nosotros nos hospedamos en un pequeño apartamento en Kensington, a unos 300 metros de la estación de metro Earl´s Court, rodeados de comercios y restaurantes.

Excepto que una noche el techo empezó a gotear porque el sistema de calefacción no succionaba el agua y la empresa no se dignó a enviar a alguien a revisarlo, todo lo demás fue bien. Tampoco pasamos demasiado tiempo en el apartamento.

Desde allí pudimos pasear tranquilamente hasta Nothing Hill y volver decepcionados por la baja calidad del famoso mercado. Paseamos por Hyde Park un día de muchísimo viento y yo me atreví a salir a correr por el mismo jardín. Recuerdo que en ese momento Londres me gustó más. Quizá necesitaba hacer deporte.

Oxford Street vista de la estación de metro
Oxford Street anocheciendo

Nos enamoró Borough Market, con todos sus puestos de comida, dulces, quesos… También nos gustó Covent Garden y algo menos Camden. Disfrutamos mucho en Oxford Street, primer lugar al que fuimos tras dejar las maletas en el apartamento. Las luces, la calle, la gente, los autobuses, las lujosas tiendas… Pero eso fue todo.

Nunca antes una ciudad me decepcionó tanto. Munich no me gustó, pero no me había creado tantas expectativas. Quizá ese fue el problema. O que la gente se empeña en compararla con Nueva York cuando ni siquiera llega al nivel de grandes ciudades europeas como Ámsterdam, Barcelona, Praga o París.

También pudieron influir las nubes. El sol no quiso acompañarnos demasiado tiempo, aunque tampoco lo hizo en Bruselas y disfruté mucho de esa visita.

Tanta historia que abruma

No sabría qué destacar de Londres. Nada me impresionó. Ahora que lo recuerdo, me gustó mucho la vista desde Trafalgar Square hacia el río, a través de Northumberland Ave. Desde allí tomamos el camino real por The Mall con una Free Tour dirigido por un curioso español amante de la moda inglesa.

Este guía nos explicó todas las curiosidades sobre la casa real inglesa, algo de historia y alguna que otra excentricidad. Nos asomamos por Buckingham Palace, donde al parecer estaba la Reina. Sin embargo más que un palacio de la realeza más importante del mundo, pensé que estaba ante un chalet grande de cualquier barrio residencial.

Terminamos la visita frente a Westminster y una vez más me sentí agobiado. Demasiado tráfico, demasiadas obras y mucho ruido. No es una ciudad cómoda. Todos los días acabamos agotados sin haber caminado tanto. Supongo que Londres, por lo que es, merece una segunda oportunidad. Y la tendrá, pero será dentro un largo tiempo.

Mientras tanto, no hago más que tratar de recordar los momentos en los que me sentí feliz por haber elegido Londres en aquél momento y no fueron muchos. Me gustó el City Hall, en la otra parte de la ciudad, frente al Tamésis, mirando de frente al Tower Bridge.

El puente del Milenio frente a la catedral de San Pablo
Millenium Bridge

Paseando haciendo el puente más famoso de Londres, pudimos recorrer una parte del borde del río, en mi opinión desaprovechado. Tienen un río gigante que no ven, que no disfrutan y quizá ni quieran.

Nuestra visita a Londres la terminamos visitando algunos museos. Aprovechamos que eran gratis para entrar en el de Historia Natural y el de Ciencia, sobre todo para evitar el frío y la lluvia del último día.

En definitiva, Londres no me pareció una ciudad donde vivir. Es una ciudad de negocios, poco cómoda para los peatones. Sí, son increíbles esos rascacielos enormes y tanta historia en cada esquina. Me gustó la diversidad de culturas y encontrar coches de la marca Porsche en cada calle. Pero, como ya he dicho, poco más.

Etiquetas:

5 comentarios

Añadir un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *