Museos en los viajes ¿si o no?

Sin querer ofender ni que parezca que no me interesa el arte, mi respuesta, ante la pregunta que planteo en el titular, es rotundamente no. Y mi me justifico aludiendo al tiempo, al poco tiempo que normalmente se dispone para conocer un lugar.

Cuando visito una ciudad, quiero conocer la ciudad, sus calles, su indiosincracia, encontrar aquellos rincones que no aparecen en las guías de viaje y no perderme en un museo. Y no porque sea una pérdida de tiempo, sino porque lo que puedo encontrar en él no me llena tanto como pasear por la ciudad.

Habrá otras personas a las que les llenará mucho más visitar un museo o una colección específica. Algunos dirán, con cierta razón, que no hay mejor lugar para conocer una ciudad que en el museo de la ciudad.

Pero yo no quiero conocerla así. Además, lo normal es que toda la información que pueda encontrar en ese museo también esté en Internet. Antes de llegar a un lugar ya me dedico a buscar información sobre su historia y características.

Como en todo, hay excepciones. Me parece una excelente opción acudir a un museo cuando el tiempo fuera no permite una visita sin riesgo a un resfriado. ¿Por qué ahora si? Porque un museo aporta mucho conocimiento ¿No decías que está en Internet? Bueno, no es lo mismo, ni transmite lo mismo. Los museos tienen la versión original de todo aquello que sabemos.

Parte exterior del Louvre
Museo Louvre en París

¿Visitar un museo es postureo?

Estoy seguro de que hay gente que así lo hace. Todo depende de lo que consideremos postureo. Aguantar tres horas de cola para entrar al Louvre y hacerse una foto con el cuadro de la Mona Lisa ¿es postureo? El museo del Louvre de París es uno de los pocos del mundo que he visitado. Y fue porque consideraría un delito no hacerlo.

Hay museos del mundo que nadie debería perderse. No sólo porque alberguen arte, sino porque ese arte es parte de la historia del mundo y nos permite comprobar cómo fueron los siglos que nos precedieron. Estos son los imprescindibles, lo que hay que visitar aunque perdamos una mañana entera en hacerlo.

Visitantes del Louvre
Turistas fotografiando el cuadro de la Mona Lisa

Luego hay otro tipo de museos que, considero, que atraen a aquellos que viven por el arte y son grandes aficionados. Otros museos son los de “por si acaso”.Lisboa, por ejemplo, tiene unos cuantos museos de ellos, como el del ejército o el de los tranvías.

Son museos entretenidos y baratos, que nadie visita si no es un grandísimo aficionado a los trenes o cree haber visitado ya toda la ciudad y quiere perderse en el museo.

Las tiendas de los museos

No sé si estaréis de acuerdo, pero en los últimos años se ha desarrollado una singular afición por visitar las tiendas de los museos. Posiblemente se deba a que estos han evolucionado y ya no venden las típicas réplicas de arte, sino objetos realmente artísticos, muy atractivos para el visitante.

Hasta tal punto ha llegado esta moda que muchos turistas sólo visitan la tienda del museo. El problema es que los museos se han dado cuenta y los precios son, en general, desorbitados. Ejemplo de esto lo encontramos en el MoMA de Nueva York, donde incluso se puede comprar a través de Internet. La curiosidad del MoMA reside en que los artículos en venta proceden de alumnos de diseño y algunos de ellos podrían acabar siendo muy conocidos.

Por no hablar de quienes vamos a un museo para hacernos la foto por fuera. A veces el edificio es más atractivo que lo que hay dentro, como es el caso de los museos Guggenheim.

Museo Guggenheim de Nueva York
Fachada del museo Guggenheim de Nueva York

Por acabar, cada uno puede hacer lo que quiera, pero mi opinión es que los museos se quedan fuera de mi ruta turística a no ser que diluvie o alberguen una exposición que no se puede dejar de ver.

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