Los patos de goma también viajan

Los patos de goma se conviertieron en icono de la cultura pop a finales de la década de los 60, cuando hasta entonces sólo habían sido alegres compañeros en la bañera.

Más de 60 años después, estos patos de ojos saltones y pico risueño, se han lanzado a conquistar el mundo desde las ciudades más turísticas del mundo.

La primera vez que los vi fue en el Barrio gótico de Barcelona, donde, un local de paredes blancas llamó mi atención con cientos de patos de goma sobre las estanterías. El contraste de colores es tan llamativo que es imposible no fijarse. Son divertidos, deportistas, políticos y artistas.

La moda de las duck store se extiende por Europa sin que nadie sepa muy bien si alguien los compra. En un artículo de El Periódico, su autor comentaba que curiosean muchos turistas pero compran más los locales. Parece que hay quien los colecciona.

Modelos en la Duck Store de Barcelona

Patos de goma a nueve euros

Su precio ronda los nueve euros. Podemos encontrar patos de todo tipo, disfrazos de torero, de Dalí, con la camiseta de nuestro equipo de fútbol favorito o de capitán de avión. Ya sea para coleccionar o por curiosidad, el negocio está asegurado por ese precio.

Ahora también se pueden comprar online, pero lo suyo es hacerlo de visita a alguna de las ciudades con una tienda de patos de goma, como Barcelona, Lisboa, Mallorca, Florencia o Ámsterdam.

Seguro que poco a poco se irán extendiendo a otros lugares. Y quién sabe, quizá se conviertan en el nuevo imán para la nevera que todos nos llevamos como recuerdo tras visitar un lugar nuevo.

Quizá la cuestión más peliaguda es donde guardarlos, porque mostrarlos en el salón de casa no parece lo más sensato y no creo que alguien ponga una vitrina en el baño para exponer su colección de patos.

Lo mejor de todo es que estos inofensivos patitos pueden alegrarnos el fin de las vacaciones con solo mirarlos, mientras nos tomamos un baño o una ducha, justo después de volver a casa y justo antes de volver al trabajo.

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