Lisboa nueve años después

En 2010 visité Lisboa por última vez tras pasar allí el año nuevo con unos amigos. Y ahora, nueve años después, he vuelto a la capital de Portugal, donde estuve viviendo en 2009, a una ciudad que amo y echo de menos cada día.

Llevaba mucho tiempo queriendo volver y ahora que ya lo he hecho quiero reflexionar acerca de los cambios que he visto y lo que sentí paseando por la que fue mi ciudad.

Vistas del Tajo desde Praça do Comércio de Lisboa
Vistas del Tajo desde Praça do Comércio

Llegamos en coche un lunes a mediodía, procedentes de Santiago de Compostela. Nunca antes había llegado a esta ciudad en coche, así que estaba algo preocupado porque no tenía claro donde dejar el coche, ya que casi todas las plazas de aparcamiento de Lisboa son de pago.

Paseando Lisboa

Tras superar un atasco en Cais do Sodré, finalmente llegamos a Bairro Alto, donde nos hospedamos en un apartamento nuevo y muy bien ubicado, aunque con un poco de ruido por las noches, cosas del barrio. Y el coche se quedó en un parking cercano.

Después de comer y descansar unos minutos, nos marchamos a pasear. No teníamos ningún objetivo, así que nos dejamos llevar.

Lo primero que me sorprendió es que en Lisboa hay muchos más turistas que hace nueve años. También es verdad que eran días de gran afluencia, por coincidir con la Semana Santa española, pero nunca había visto tanto viajero. Supongo que Portugal está de moda, así que había que asumirlo.

Recorrido por el centro histórico

Desde Bairro Alto, bajamos por la Calçada da Glória hasta la plaza Restauradores, y de ahí caminamos hasta la Praça do Comércio, pasando por Praça do Rossio y Rua Augusta. Durante todo el tiempo que residí en Lisboa la Praça do Comércio estuvo de obras.

Solo conseguí verla terminada cuando volví en 2010. También lo estaba la plaza contigua, que han convertido en un bonito jardín con vistas al río Tajo y la inmediatamente anterior, denominada Terreiro do Paço y que ahora vuelve a estar de obras, o nunca terminaron.

Campo das Cebolas de Lisboa
Nuevo Campo das Cebolas

Justo enfrente está el Campo das Cebolas, que antiguamente era una zona de aparcamiento donde el tranvía daba la vuelta y ahora lo han convertido en un jardín con juegos infantiles. La verdad es que tantas obras están dejando Lisboa muy bonita, pero mucho me temo que para arreglar toda la ciudad necesitarán cientos de años. Pero por lo visto no les preocupa, porque sigue habiendo obras por todas partes.

Hay muchos locales nuevos, restaurantes y terrazas donde antes solo había solares. Y algo muy importante, por fin vida frente al Tajo, donde antes solo había trenes y aparcamiento.

El típico viaje en eléctrico

Elevador da Bica en Lisboa
Elevador da Bica en Lisboa

Una de las tareas pendientes de Lisboa es restringir el acceso en vehículo privado a barrios históricos como el de Alfama. Aunque han comenzando con algunas pequeñas calles, todavía se producen embotellamientos en la subida a la catedral o hasta el barrio de Graça, porque coinciden en un mismo carril coches, motos, autobuses y los famosos tranvías eléctricos.

Lamentablemente había tanta gente que no pudimos viajar en el eléctrico 28 para subir a Graça, pero lo utilizamos para ir hasta el Jardim da Estrela, junto a la preciosa basílica del mismo nombre. Pudimos subir, plegado, el carro de nuestra hija pequeña y amablemente todos nos cedieron el asiento.

Para poder restringir el paso de vehículos, una opción es facilitar el transporte urbano mediante patinetes o bicicletas. Y no sé si es que estaban de promoción, pero la ciudad estaba repleta de patinentes. Allá donde fuimos nos encontramos patinetes. Conté hasta siete marcas diferentes. Y también bicicletas de Uber. Ahora Lisboa tiene carril bici, aunque no está muy bien diseñado ni sigue una estructura concreta.

Al conocer ya la ciudad, pudimos prescindir del mapa y caminar sin destino fijo. Paseamos sin prisa, pudiendo disfrutar de la tranquilidad de los parques y jardines de la ciudad, atajando por calles que no conocen la mayoría de turistas y fijándonos en algunos detalles que hasta entonces no habíamos visto.

Largo Portas do Sul
El Panteao y la Iglesia de San Vicente desde el Largo Portas do Sul

Degustando Lisboa

Fuimos hasta Belém en tranvía y nos sentamos en el salón-cafetería de la repostería de donde son originales los conocidos pasteles de Belém. Quizá paseando por Lisboa te preguntes ¿Por qué nadie llama más les llama pasteis de Belém? Pues porque es una marca registrada, así que en otras pastelerias los verás anunciados como pasteles de nata, que es como en portugués se llama a  la crema.

Merendamos en la cafetería y nos pedimos dos cajas para llevar y compartir con la familia y amigos tras la vuelta a casa.

Para las comidas y cenas, puesto que viajamos con dos niñas pequeñas, decidimos cenar en el apartamento y comer fuera. Además, uno de los mejores ofrecimientos de la ciudad es su comida. No hace falta buscar un restaurante elegante para comer bien. En cualquiera, incluso en el más insospechado, comerás de maravilla, a bajo precio y en cantidad. Los dos días que comimos fuera lo hicimos en restaurantes de barrio en los que éramos los únicos no portugueses.

Como último dato, añadir que la gasolina en Lisboa es muy cara. Nos costó 40 céntimos más por litro que en Valencia. Pero no me dolió, visitar Lisboa es siempre un placer, aunque esté repleta de turistas.

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