La mágica visita a San Juan de Gaztelugatxe

Gaztelugatxe es uno de esos lugares en los que uno no puede sentirse indiferente. Es un paraje mágico que logrará atraparte gracias a un entorno salvaje que ha esculpido a lo largo de los años una ermita situada en lo alto de un islote.

Llegar a Gaztelugatxe es muy fácil. Está todo indicado. Situado a medio camino entre Bermeo y Bakio, no se puede llegar hasta él con coche. Podremos aparcar, refrescarnos, comer y asearnos en el párking y restaurante situado frente a la ermita.

Desde aquí comenzaremos el descenso hasta la costa a través de un camino escarpado, modificado por las lluvias y a veces incómodo (unos 20  minutos). Sin embargo, esto no debería ser impedimento para visitar uno de los grandes atractivos naturales de Euskadi.

El camino que lleva a Gaztelugatxe
La “selva” vasca

La historia del monasterio de Gaztelugatxe no está clara. Se cree que fue contruido en el siglo X y sobre él recaen unas cuantas leyendas que nadie sabe si son ciertas. Se habla de templarios, de San Juan y de asedios.

Bajada y subida a Gaztelugatxe

Para llegar a la ermita de San Juan debermos subir los 241 escalones que forman la larga escalera que une la isla con la costa. Una vez arriba, hay que pisar la huella dejada, según dicen, por Juan Bautista y tocar tres veces la campana mientras pedimos un deseo. Se tocaba para pedir fertilidad y ahuyentar enfermedades.

La ermita es pequeña pero tiene su encanto. Hay una zona con sombra, ideal si decidimos realizar la subida en verano. Pero sin duda, lo mejor de Gaztelugatxe, son sus vistas. El entorno del islote es lo que dota a este lugar de la magia que comentaba al principio. Son los acantilados, la tierra esculpida por el mar, el horizonte del mar Cantábrico, el viento…

Vistas desde la ermita de Gaztelugatxe
Mirando hacia Bakio desde Gaztelugatxe

La visita a Gaztelugatxe ha de ser tranquila. No hay prisa cuando lo que visita atrapa. Cuando decidas bajar y dejar atrás la ermita, házlo despacio. Vuélvete de vez en cuando y mira a tu alrededor.

Justo al principio de la escalera, después del primer tramo que une la costa con el islote, hay otra escalera que permite bajar a las playas que reposan bajo la ermita. Si es verano y llevas bañador, posiblemente te será imposible no darte un chapuzón y recargar fuerzas antes de emprender el viaje de vuelta.

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