Ibiza con bebé

Erróneamente, asociamos Ibiza a fiestas eternas. Parece como si sólo quienes siguen o pueden permitirse ese estilo de vida tuviesen cabida en la isla. Pero no es así.

Ibiza tiene sitio para todos. Caro, pero tiene. Lo primero a tener en cuenta es que cualquier alojamiento nos va a costar más de lo esperado. Así que lo idóneo es buscarlo con tiempo de antelación. Hay varias opciones, todas ellas en función de tu tipo de vacaciones.

En Sant Antoni e Ibiza es donde suele haber más gente joven en busca de fiesta. En la primera se concentran muchos extranjeros, sobre todo ingleses. Los distinguirás por su color rojo gamba.

En Ibiza hay de todo. Gente que busca playa, que quiere relax o que preferiría no dormir ni un minuto de sus vacaciones. Lo bueno de la capital de la isla son sus servicios, con mayor variedad gastronómica, cultural y de ocio.

El transporte público no es el mejor del mundo, así que si tu alojamiento no está en una de estas dos ciudades, será mejor que busques un manera de moverte por la isla. Esto teniendo en cuenta que quieras conocer la isla. Si tus vacaciones se reducen a ver siempre la misma playa o la piscina del hotel, entonces relálate y disfruta del mojito.

Un calle cualquiera de Ibiza, un día cualquiera de julio

Para viajar a Ibiza con un bebé lo único que necesitas es un carro y la silla para el coche. Si lo alquilas, puedes llevar la que ya tienes en el avión o alquilar una.

No es más pesado, ni las fiestas van a impedir que tu bebé duerma. Hay fiesta pero si sabes escoger alojamiento no estará debajo de tu ventana. Nosotros nos hospedamos en la zona norte de la isla, frente a la playa Des Figueral.

Nos daba igual el lugar, mientras fuese tranquilo, ya que para desplazarnos alquilamos un coche. Lo que hicimos fue dividir los días en dos partes, por la mañana íbamos a una paya y por la tarde a otra. Así durante tres días. Por la noche, una fuimos a Sant Antoni y la otra a Ibiza.

El primer día fuimos a Cala Vadella y Cala San Vicente, ambas muy bonitas pero rodeadas de hoteles y edificios de apartamentos. Nos decepcionaron. Imaginábamos calas pequeñas, sin construcciones cercanas, pero son dos de las mejor puntuadas en todas partes.

Por la tarde-noche fuimos a ver Ibiza, donde cenamos y conocimos sus calle blancas y la panorámica de la ciudad desde lo alto de Dalt Vila.

Cala Salada, desde el agua

Las mejores calas de Ibiza con bebé

El siguiente día mejoró mucho, con la visita primero a la Cala Gracioneta, donde también comimos en el chiringuito del mismo nombre y que ocupa casi toda la playa, para después hacer la siesta bajo la sombra de los pinos de la Cala Gració, justo al lado.

Por la tarde nos marchamos a la impresionante Cala Salada, la mejor de todas. Nos encantó, por su orografía, los colores, la gente… En esta es difícil aparcar y para acceder hay que superar una pequeña ladera. Esa misma noche fuimos a Cala Conta para ver atardecer y nos quedamos con las ganas de haberla visitado con horas de sol.

El último día, puesto que nuestro vuelo estaba programado para las diez de la noche, visitamos la playa S´arenal Petit, en el pueblo de Portinatx. Es una zona más turística pero disfrutamos de la playa y la comida en uno de los restaurantes con vistas al mar.

Atardecer en Cala Conta

Lo bueno de viajar a Ibiza con bebé es que todavía no son capaces de decirte lo que quieren, ni de protestar o patalear. Al bebé lo llevas donde quieres, le das de comer en cualquier lugar y hace la siesta en cualquier momento.

Nosotros disfrutamos mucho ese viaje con nuestra primera hija, cuando ella tenía nueve meses. No recuerdo si fue su primer baño en el mar, pero las playas de Ibiza son increíbles. Es difícil ver esa claridad en otros lugares. Y la arena es incluso diferente que en la costa valenciana.

Por supuesto, no puedes salir de fiesta y tus salidas nocturnas se reducen a cenar y/o tomar algo o dar un paseo. El bebé manda en estos casos. Pero si tu objetivo es relajarte y disfrutar de las playas, viajar con tu pequeño a Ibiza es una excelente opción.

 

 

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