Experiencia de alquiler con Avis en Canadá

En esta ocasión voy a contar mi experiencia con Avis en el alquiler de un vehículo durante 10 días en un viaje a Canadá. La valoración global del servicio es buena, aunque hay ciertosdetalles que no me gustaron nada.

Reservé el coche antes de llegar a Canadá. Comparé diversos sitios y Avis era, con mucha diferencia, el más barato. Siempre pensé que habría algún truco y que al recoger el coche me obligarían a pagar algo más.

Coche alquilado de Avis en Canadá

Reservar y alquilar un coche para Canadá

Lo hice a través del sitio web de Avis en Canadá. En primer lugar lo hice a través del sitio español pero no me permitían reservar sillas para niños, por lo que tuve que llamar a un 902 (Número de teléfono de tarificación especial) para que las incluyesen y además no me enviaron ningún documento con la reserva.

Tras unos días viendo otras opciones, encontré el mismo coche 20 euros más barato en avis.ca, así que cancelé la reserva que tenía hecha e hice una nueva con las sillas para niños incluidas. Del 8 al 20 de agosto, con recogida en el Aeropuerto internacional de Montreal y devolución en una oficina del centro de Montreal, por 584 dólares. Esto fue más de tres meses antes del viaje. Enseguida recibí un correo de confirmación y una semana del viaje antes un recordatorio.

Avis se cobró inicialmente 623 dólares. Llamé a Avis para preguntar por esto y me dijeron que suelen hacerlo por si se añaden otros servicios, pero que en caso de no consumirlo, se devolvería.

Unos días antes de llegar a Canadá cometí el error de buscar información sobre Avis, porque me parecía muy raro que el coche saliese 300 dólares más barato que en cualquier otra compañía. Encontré comentarios pésimos sobre la oficina del aeropuerto, donde tenía que recoger el coche.

Recoger el coche de alquiler

El vuelo fue bien y llegamos cinco minutos antes de lo previsto, desembarcamos y superamos el control de pasaportes en un par de minutos. Recogimos las maletas y nos dirigimos a la oficina de Avis, que está a unos 300 metros de la salida, dentro del parking del aeropuerto.

Había gente esperando y dos personas atendiendo, además de unas veinte personas sentadas y un grupo de británicos protestando porque su furgoneta no estaba lista. Sobra decir que estábamos cansados, no dormimos en el avión y nos quedaban dos horas de camino hasta Ottawa, donde íbamos a pasar nuestra primera noche en Canadá.

Tras esperar unos 15 minutos, llegó nuestro turno, me tomaron los datos, añadieron un seguro completo por 80 dólares y nos dijeron que en unos 30 minutos estaría preparado el coche. Esto me sorprendió, porque el coche llevaba reservado tres meses, sabían en qué vuelo llegábamos y no tenían preparado el coche. Así que pienso que están muy mal organizados, pero lo dejamos pasar.

Pasan los minutos y nadie se mueve. Los británicos vuelven a protestar. Llevan esperando una hora y media y siguen sin furgoneta. Vuelve a formarse otra cola de espera y ahora solo hay una persona atendiendo.

De vez en cuando llaman a alguien para entregarle las llaves del coche. Pasan los minutos, pasa media hora, pasan 45 minutos, mis hijas tienen sueño, lloran, yo estoy muy cansado y miro cabreado al que me ha atendido. Me ve, pero mi mirada asesina no surte efecto.

La entrega de las llaves

Seguimos esperando y llaman a la familia que estaba justo antes que nosotros. Superamos la hora de espera y me llaman. Me da el contrato y vamos al parking. Allí nos dan la llave de un Ford. Es un Fusión híbrido, de color blanco. Es nuevo y recién lavado. Ya sabemos por qué han tardado tanto.

Vamos al coche y están las sillas fuera del coche. Esto nos indignó muchísimo. Después de una hora de espera, las sillas no estaban puestas. Más tarde supimos que no lo hacen por si ocurre algo, para descargarse de responsabilidades, pero tampoco había instrucciones y nadie nos ayudó a ponerlas.

Así que como pudimos pusimos la primera y la otra era demasiado pequeña para nuestra hija de cuatro años. Pregunto si tienen otra para más mayores y ¡oh sopresa! no tienen. Solo tienen sillas para bebés y un alzador, que por edad mi hija podía llevar, pero no por peso (le faltaban 600 gramos). Estábamos cansados y cabreados, solo queríamos irnos de allí, así que pusimos el alzador y decidimos marcharnos.

La conducción

Al entrar en el coche recordé que era automático y jamás había conducido uno sin marchas. No había nadie para preguntar así que improvisé. No fue difícil, aunque tardé tres frenazos en acostumbrarme a no tener embrague.

Pusimos el navegador y nos marchamos a Ottawa, en noche cerrada y por una carretera de la que no conocíamos nada. Por suerte, llegamos casi dos horas después, a las once de la noche.

Al día siguiente pudimos ver mejor el coche mejor. Totalmente limpio, muy amplio, con un gran salpicadero, espacios para guardar todos los accesorios y un cigarro en el suelo. Eso no era nuestro.

En la tarjeta me habían cargado un depósito de 240 euros, que me devolvieron al retornar el coche.

Conducir por Canadá tiene algunas peculiaridades, pero todo fue sobre ruedas y no tuvimos ningún problema. El coche funcionó perfectamente. Si hubiese ocurrido algo, Avis dispone de un teléfono de emergencias al que llamar en tal caso.

La devolución del coche alquilado

Me levanté temprano, y me fui a la gasolinera más próxima a llenar el depósito. Pedí el ticket porque en el contrato pone que te lo pueden pedir para verificar que has llenado el depósito.

Llegue a la oficina y entré en el párking, me indicaron donde dejar el coche, un operario me preguntó si había llenado el depósito y le entregué las llaves. Comprobó que todo estaba bien, verificaron el contrato y listo. La devolución no me llevó más de cinco minutos.

Al día siguiente, el cargo del depósito desapareció y cargaron el seguro que contraté en Montreal, restando lo que ya se habían cobrado de más al hacer la reserva.

La conclusión es que todo fue bien excepto la entrega, que fue desastrosa. Sabiendo que quien recoge el coche en el aeropuerto está cansado, con solo un poco de empatía arreglarían su desastroso servicio. No cuesta nada explicar mejor las cosas y decir la verdad desde el principio, pero los trabajadores de Avis en el aeropuerto no parecían tener muchas ganas de trabajar.

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