El mundo sin fronteras

Cualquier persona a la que le gusta viajar ha imaginado un mundo sin fronteras. Suena a utopía, pero la realidad es que las fronteras no tienen ningún sentido.

En Europa podemos viajar sin pedir visados, ni atravesar lentas aduanas. Vivimos en el mercado común y nos movemos con libertad, sintiendo realmente que entre todos los europeos formamos algo juntos.

Soy de los que piensan que las nuevas generaciones nacen con otro carácter. Vivimos conectados con todo el mundo, tenemos más facilidades para viajar y nos relacionamos con facilidad. Soy de los que piensan que a las fronteras les queda muy poco de vida, pero ese momento yo no lo veré.

El miedo a lo desconocido

Este es un tema muy controvertido que, probablemente, daría lugar a un extenso debate, en el que surgirían los nacionalismos, la xenofobia, las disputas por los recursos naturales, las tradiciones, el comunismo, etc.

Llegamos al mundo con unas ideas preestablecidas, creadas a partir de las tradiciones, la religión y la historia. Estas ideas se heredan de generación en generación y son las que generan los miedos hacia el que es diferente a nosotros.

¿Por qué tenemos miedo a ciertos países o algunas culturas? No las conocemos. Pero creemos lo que nos cuentan. Nos da miedo aprender, conocer y llegar más allá. Nos empeñamos en eliminar culturas argumentando que no sirven, cuando la realidad es que nos enriquece. Hay un idioma universal, que es el inglés, pero qué idioma no querrías aprender. Cuántos más conocemos, más sabemos del lugar, de su historia y sus relaciones.

Crecemos en medio de un mundo que se esfuerza en separarnos. ¿Qué tan diferentes somos cómo para no poder vivir juntos? Las migraciones han demostrado que personas de diferentes razas y culturas pueden convivir juntas.

¿Por qué no eliminamos las fronteras?

Las fronteras existen desde hace cientos de años. Nuestros antepasados utilizaron a miles de personas para defenderlas o conquistarlas. Llegamos hasta tal punto que dos personas pueden vivir a una distancia de 10 metros y pertenecer a dos países diferentes, a dos continentes distintos y no poder cruzar al otro lado sin un visado especial.

¿Somos tontos? ¿De qué nos defendemos? Suelo escuchar los siguientes argumentos: “África no puede evolucionar porque nutre a Occidente con sus recursos. Es ellos o nosotros”; “En el mundo no cabemos todos. Necesitamos que unos mueran para seguir nosotros”. ¿Por qué pensamos así?

Vivimos con miedo. Vivimos con miedo a perder lo que tenemos. Y ese miedo es el que nos impide luchar por la igualdad entre humanos. “¿Estás hablando de comunismo?”, diréis. No. No me gusta el comunismo, respondo. Hablo de personas, no de política. Intento demostrar que la palabra utopía solo nos sirve para dar por concluído un debate que no queremos tener.

Está claro que yo solo no puedo conseguir el cambio, pero unos cuantos miles pueden iniciarlo. Y unos millones pueden realizarlo. Supondría un cambio de sistema mundial. Tenemos que pensar como especie. Somos una especie, nacida por casualidad en un planeta que, por casualidad, alberga las condiciones necesarias para que haya vida.

Como dije, este es un tema muy extenso y apenas lo he empezado. Las fronteras existen porque a alguien le interesa que existan. Porque a alguien le interesa que vivamos separados.

 

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