Comida con entrega en la playa del Silencio

La playa da hambre. Es algo demostrado mundialmente. El sol y el mar están aliados con los restaurantes que rodean las playas para hacernos consumir en ellos.

Pero además de hambre, también provocan pereza. Un cóctel explosivo que provoca que cientos de estómagos rujan mientras el cuerpo se muestra incapaz de moverse mientras se torra bajo el sol.

El cartel del restaurante

En el Mediterráneo lo tenemos fácil. ¿Hambre? Damos media vuelta y seguro que encontramos unas cuantas opciones para satisfacer a nuestros estómagos. Pero ¿y en el norte? Allí hay playas sin edificios y mucho menos restaurantes. O donde llegar a la playa es más fácil por mar que caminando.

En la playa del Silencio, en Asturias, han encontrado la solución. También es cierto que en esta playa no sólo influye en el hambre el sol y el mar, sino también los cientos de escalones que hay que subir y bajar.

Este cartel lo vimos en nuestro viaje por el norte de España en el año 2014. Más tentador no puede ser y además con posibilidad de pedirlo por Whatsapp. Hasta sin hablar puedes pedir la comida. El colmo del veraneante perezoso.

La Playa del Silencio está en el término municipal de Cudillero. Noy hay mucha gente, parece escondida entre los acantilados y de acceso a pie a través de una eterna escalinata.

Preciosa playa del Silencio

Lateral de la Playa del Silencio

Para llegar aquí hay que viajar hasta Castañeras, a 16 kilómetros de Cudillero. El pueblo es muy pequeño. Hay indicaciones para dirigirnos a la playa. Podemos dejar el coche en un parking privado acotado en medio del campo y continuar caminando.

Algunos prefieren aproximarse con el coche lo máximo posible. El camino es de tierra y estrecho, pero la vista es espectacular. La playa es larga, en forma de concha, pero poco profunda. El agua suele estar muy fría. Incluso en verano sentirás que te clavan cientos de alfileres.

Es una playa indicada para todo tipo de turista. Es tranquila y silenciosa. Está protegida por islotes situados justo enfrente y parece mágica. Con estas condiciones, a quién no le apetece una buena hamburguesa a eso de las dos del mediodía.

Lo que no especifica el cartel es si hay pedido mínimo necesario para que te lo bajen, ni el tiempo de espera. Eso sí, lo único que te pide el restaurante Parry es que te acerques hasta el punto de encuentro. Ya que te bajan la comida, al menos no les hagas el feo de tener que buscarte por toda la playa, porque pequeña no es.

Lo malo es que en Asturias igual te sale un día expléndido como cuatro de lluvia, por mucho que sea agosto. Imagino al pobre que lleva los pedidos, siendo informado tras volver de entregar uno de que tiene que ir de nuevo para llevar otro.

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