Ciudadanos del mundo

Quizá no lo habéis notado, pero en los últimos años, más todavía con la crisis económica de la que no acabamos de salir, en todo el mundo se ha incrementado el sentimiento nacionalista. Hay quienes agitan con más fuerza sus banderas y exigen más y más grandes muros para defender las fronteras.

En general, a todos nosotros nos han tratado de inculcar un sentimiento de pertenencia. Hemos crecido aprendiendo las características del lugar donde vivimos, su cultura y el idioma sin prestar especial atención al resto del mundo.

Sin embargo, no somos pocos los que renegamos de pertenecer a un lugar físico por vivir, trabajar o haber nacido en él. Nuestro mundo actual está basado en un sistema de conquista. Es decir, “este terreno es mío porque he llegado primero” o “este campo es mío porque te lo he arrebatado”.

Seguimos, a pesar de nuestros miles de años de progreso, pensando que somos diferentes por vivir en un lado u otro de la frontera. Pedro Duque, el astronauta español, dijo tras volver de su primer viaje aeroespacial que lo más impresionante fue ver el planeta sin distinciones y añadió que es “la mejor forma de darse cuenta de que no tiene importancia de qué país es uno”.

El problema, en mi opinión, es que nos como lo haría alguien desde fuera. Nos creemos superiores por haber nacido en el norte y nos regimos por sistemas económicos injustos.

Es cierto que nuestra vida es tan corta que pocos son los que deciden dedicarla a mejorar el mundo. Pero, a estas alturas ¿tan difícil es?

Esto quizá suene muy catastrofista, pero el mundo que vamos a dejar a nuestros hijos va a ser muy complicado. Siempre estarán los que dicen que esa frase se ha dicho en todas las generaciones, pero no todas las generaciones vivieron un cambio climático.

Debemos empezar a pensar como especie y olvidarnos de las nacionalidades. Cuando Trump decidió sacar a Estados Unidos del acuerdo climático de Paris, lo justificó diciendo que estaba impidiendo ser competitivo a su país. Alguien en Twitter dijo que cuando el mundo se vaya al carajo, dará igual si Estados Unidos es competitivo o no.

Está claro que todo es cuestión de dinero. Hay mucho en juego y hay quien prefiere vivir bien a costa de los demás porque su vida es muy corta.

¿Cómo lo cambiamos?

Difícil tarea nos ha tocado. Se supone que el avance de nuestra civilización debe llevarnos a esa situación. Lo hemos visto en cientos de películas que recrean un futuro en el que toda la humanidad se mueve al unísono.

Pero que sea el paso siguiente no quiere decir que venga ya. ¿Hay más nacionalismo o simplemente tiene más atención? Yo creo que hay más, pero por desconocimiento y sobre todo por miedo. Hay miedo a perder el trabajo, la casa o la familia.

Dejamos que el tiempo siga su curso sin preocuparnos por lo que vendrá. Nos importa pero lo vemos lejano y cuando llegue ya no habrá solución, sino simplemente adaptación. Si nada lo remedia vienen tiempos de migraciones, no ya en busca de seguridad sino simplemente en busca de alimento.

Todo esto tiene muy difícil solución. Prácticamente necesitaríamos un reset completo del mundo. Quizá la única forma de que nos demos cuenta es que ocurra lo que parece que va a ocurrir en las próximas décadas.

Y mientras tanto ¿nos resignamos? Dicen que cambiar el mundo es imposible, pero yo soy de los que piensan que para cambiar el mundo hay que empezar por el entorno. Hay que cundir con el ejemplo y sobre todo educar. La base de todo es la educación. No sirve de nada imponer.

La gente tiene que perder el miedo y saber que su vida tiene un sentido. Somos egoístas y para unos años que podemos vivir preferimos disfrutar y que se apañen los que vengan después. Quizá que el cambio climático se esté acelerando nos haga reaccionar, porque no sólo afectará a nuestros hijos, sino que nosotros mismos vamos a sufrirlo.

 

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